Una perá al Nazareno

Había nacido en Cádiz, Andrés Macías León, en 1906. Poco sabemos de su vida familiar. Tan sólo que en 1939, a sus 33 años, estaba soltero y domiciliado en Ana de Viya nº56 que por aquel entonces pertenecía al populoso barrio de San José en el extramuros de Cádiz.

Hijo de Franciso y Ana, su oficio, como el de tantos otros jóvenes del lugar, era el de jornalero. Por lo que posiblemente el paro fuera una de sus mayores preocupaciones. Perteneció a CNT en su sección de cargadores y alijadores. Debió conocer el carnaval desde muy pequeño. No en vano en el barrio de San José convivían un número curioso de comparsistas entre los que podríamos destacar a Juan Sevillano Soria[1], autor de la conocida ´Murga de Puertatierra´.

Hasta donde sabemos formó parte de las siguientes chirigotas: “El orfeón gallego” (1925), “Los artistas de la pantalla” (1928)[2] y “Macanudo y su cuadrilla” (1933)[3]. Todas se destacarían por llevar un repertorio reivindicativo. Tanto la primera como la última fueron escritas por el ya citado Juan Sevillano.

El orfeón gallego

El orfeón gallego

 

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El Miércoles Santo de 1939 fue una mala tarde para las cofradías gaditanas. Según sabemos a través de la prensa los desfiles se suspendieron por el mal tiempo[4]. No ocurrió lo mismo la noche del Jueves Santo. Desde tempranas horas del día el sol estuvo presente en las calles de Cádiz[5].

Imagen del Nazareno

Imagen del Nazareno

Bien entrada la madrugada ocurriría un suceso[6] que si bien fue un hecho llamativo en la sociedad del momento, no ha transcendido a la historia del folklore gaditano. Cuando el desfile procesional y el paso de Nuestro Padre Jesús Nazareno llegaba a la calle Concepción Arenal un piedra fue despedida dirección a la imagen errando en el lanzamiento y chocándose finalmente en la canasta del paso. Un sargento de Falange Española y Tradicionalista de las JONS que se encontraba de guardia en el Cuartel de San Roque, pidió auxilio a la Guardia Municipal que finalmente detuvo a Andrés Macías León. No sin antes forcejear con un par de individuos que intentaron salvaguardar a Andrés y que finalmente se dieron a la fuga sin ser reconocidos. El revuelo tuvo que ser mayúsculo. Hacía pocos días que la Guerra Civil había terminado con la victoria del bando sublevado y las celebraciones de los vencedores a favor del dictador en aquellas jornadas se habían multiplicado. La supuesta acción de Andrés no iba a pasar desapercibida para los gobernantes fascistas que vieron en el suceso un ataque, ya no sólo a la religión Católica, uno de los pilares del nuevo Régimen, sino a las propias autoridades recién triunfales.

 

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Una vez arrestado fue conducido a la Comisaría de donde fue trasladado posteriormente a la Cárcel Provincial. Los Guardias Municipales que lo detuvieron fueron Antonio Rivera Sánchez y Juan José Jiménez García. Sin embargo quien más empeño puso en la detención y posteriores declaraciones del Juicio Sumarísimo fue Joaquín Aguilar Serra, el sargento de FET de los JONS que aquella madrugada se encontraba de guardia: quiso el destino que un antiguo “compañero” de la comparsilandia fijara su mirada en Andrés Macías León. Y es que Joaquín Aguilar durante los carnavales de la II República escribió un buen número de chirigotas y cuartetos: “Los capitalistas fugitivos” y “Los gañanes musiqueros” (1932), “Los oradores cómicos” (1933) o “La voz de ultratumba” (1935)[7].

 

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El mismo día de la detención, el director de la cárcel, Manuel Argudo envió al Juez Instructor Emilio María Cano de Castro un informe donde se describían los hechos ocurridos así como la piedra y el Diario de Cádiz que se le había encontrado a Andrés Macías en el momento de su arresto. Este arrugado ejemplar del rotativo, aseguraban las autoridades, coincidía con la forma del pedrusco.

Un mes después el Juez solicitó al Ayuntamiento de Cádiz, a Falange y a la Guardia Civil informe sobre los posibles antecedentes penales del detenido. Y aunque no los tenía, las autoridades franquistas buscaron hasta que hallaron su antigua afiliación sindical (CNT). Sin embargo también dieron con una serie de acusaciones personales basadas en el dudoso “rumor público”:

“…habitual en la embriaguez, con tal motivo hablaba a favor del marxismo; es pendenciero ni atendía sus obligaciones familiares y en algunas ocasiones llegó a maltratar a sus padres de palabras y obras y para hacerlos sufrir mas, en una ocasión atentó contra su propia vida arrojándose a un pozo…”.

Comenzarían las declaraciones de los guardias municipales que indicaron que aquella madrugada, cuando acompañaban la procesión, oyeron un golpe seco y acudieron a la llamada del sargento falangista Aguilar Serra: “¡guardia detenga a este hombre bajo mi responsabilidad!”. Dos personas intentaron ayudar a Macías León pero los guardias lograron finalmente detenerlo. Indicaron que ninguno de los dos vieron que fuera éste el que lanzó la piedra. Empero los dos coincidieron en indicar que el sospechoso “olía a vino”.

El 17 de mayo le tocaría el turno al sospechoso que negó todas las acusaciones excepto su pertenencia en el pasado a CNT y que aquella madrugada iba embriagado. Minutos después haría lo mismo Joaquín Aguilar que indicó que aquella madrugada estaba en la puerta del Cuartel de San Roque de guardia. Con la llegada de la procesión oyó música. Se acercó a la altura de la calle Concepción Arenal y Torno. Vio entonces a la derecha un hombre “desconocido para él” excitado y quizás embriagado. Estaba como esperando a alguien. Pensó que era para una riña por lo que lo siguió observando. El sospechoso se dio cuanta que lo observaba y retrocedió de su lado. Cuando lo volvió a ver estaba con el brazo izquierdo levantado y una boina negra y “al dejar de verlo oyó un golpe seco que creyó que era la reanudación de la marcha del paso”. Sin embargo escuchó decir “a las pocas personas que allí había” que habían lanzado una piedra al paso. Buscó “por natural impulso” a la persona sospechosa para él y pidió auxilio a dos Guardias Municipales para su detención. Curiosamente se reiteró en que “desde luego no vio que aquél tirase la piedra” pero tenía sospechas de antes; y finalizó indicando que detrás suya no había nadie.

Tras la declaraciones de otros guardias el Juez desarrolló su auto-resumen que envió al Consejo de Guerra Permanente de Cádiz. Aunque no se había conseguido un testigo que indicara que habían visto a Andrés Macías León lanzando la piedra, bastaba la sospecha de un agente de Falange para enjuiciarlo. Sin olvidar, por supuesto, el carácter subversivo que representaba el hecho en sí, para las nuevas autoridades.

Empero antes de continuar nos gustaría destacar algunas apreciaciones sobre el auto-resumen del Juez y que nos pueden dar una idea del tipo de Justicia al que se enfrentaban los españoles en la posguerra. Por un lado la exageración de los supuestos hechos: mientras el sargento de Falange Joaquín Aguilar indicó que tras el ruido provocado por el golpe de la piedra vio a Macías León con el brazo izquierdo levantado, es decir, presuntamente había lanzado la piedra con una mano tras haberla llevado envuelta en un ejemplar del Diario de Cádiz, el juez indica que la piedra era “de enormes dimensiones”. Por otro lado mientras Aguilar Serra indicó, de cara a culpabilizar a Macías León, que detrás suya ya no había más público, excepto el inculpado, así como hemos visto anteriormente, que había pocas personas, el propio juez habla de las “numerosísimas personas” que acompañaban a la cofradía.

 

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Se citó al encausado para el 25 de mayo a las 16´00 horas para Juicio Sumarísimo. Se nombró el siguiente Tribunal: Presidente, Comandante de Infantería Rafael López Alba; Vocales, Capitán de infantería de Marina Manuel Escudier Fontcubierta, Capitán de Milicias Manuel Besa Comesaña, Teniente de Milicias Cristobal Torres Barea; Vocal Ponente Capitán del Cuerpo Jurídico Militar Francisco Casas Ochoa. Como fiscal el Alférez Honorario del Cuerpo Jurídico Militar José María de Vigil de Quiñones y Alonso y  defensor el Teniente Honorario Antonio Díaz de la Jara. Apenas unas horas tendría éste último para preparar la defensa del caso. El juicio fue breve. Mientras el fiscal pedía para en el encausado por delito de excitación a la rebelión con la atenuante de embriagadez, seis años y un día de prisión mayor, el defensor lo reducía a seis meses de arresto mayor y 5.000 pesetas de multa. Andrés Macías volvió a proclamarse inocente. De nada le valdría. La sentencia fue firme y ejemplarizante: el gaditano que supuestamente lanzó un pedrusco al Nazareno fue condenado a SEIS AÑOS y UN DIA de prisión mayor. No deja de llamarnos la atención como el tribunal hizo especial hincapié en que el acto reflejaba rebelión al nuevo orden, basándose en que las autoridades iban representadas en el desfile, sin embargo en ningún momento se hace eco del posible daño al patrimonio de la cofradía.

El 6 de septiembre de 1941, según el director de la Prisión Provincial de Cádiz, Andrés Macías León se encontraba en libertad condicional.

 


[1] Más información en OSUNA GARCIA, J. Cádiz, cuna de dos cantes. Quórum. Cádiz, 2002. Págs. 394.

[2] Datos ofrecidos por Francisco Javier Camacho Ortega.

[3] ARCHIVO HISTORICO MUNICIPAL DE CADIZ (a partir de ahora AHMC), Sección Carnaval.

[4] ABC, 6 de abril de 1939, pág. 9.

[5] Diario de Cádiz, 8 de abril de 1939.

[6] Los datos arrojados a partir de ahora provienen, si no se indica lo contrario, del ARCHIVO TRIBUNAL MILITAR TERRITORIAL nº2 de Sevilla, Legajo 1179, nº30.241.

[7] AHMC, Sección Carnaval.

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Una Respuesta para Una perá al Nazareno

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    Javier Galán 26 abril, 2013 el 15:46 #

    Rigurosa justicia, ejemplarizante (hay que situarse en la época) lo cierto es que a los dos años estaba libre. Como tantos en la posguerra.

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