Se vino como se fue

Se vino como se fue, sin apenas haber querido quedarse, sin hacer palpable su presencia en un presente que se diluye entre el pasado y el futuro. Vino y se marchó con la promesa de en menos de un año regresar, de aromar con aromas que se esparcen tímidamente a su paso y se evaporan tan sutilmente como el propio viento.

Se vino como se fue, en silencio. Y todos la esperaban pero cuando llega nadie quiere que se marche. La semana del año en que más se mira al cielo y menos al suelo. Llegó porque tenía que llegar y su promesa de volver año tras año siempre la cumple. Llegó vaciando eternidades en los ojos que apenas asoman a través de un antifaz, en las manos que aprietan fuertemente un rosario al que aferrar la oración sentida, callada, penitente. Llegó y se anunció su llegada en pregones, en vísperas, en traslados y en ensayos, en nervios y en ganas de saborearla con el paladar del corazón y del alma, de los sentidos en definitiva. Llegó y casi embargaba tanto el corazón, que por un instante no se quiso que llegara para que no se fuese. Porque luego se suceden los días, uno tras otro y tras otro más. Las mañanas lentamente, las tardes a las que les faltan horas, las noches entre sueños de un nuevo día.

Se vino como se fue, no dejando indiferente a persona alguna. Sintiéndola de verdad o como una mera diversión. La estética de la devoción o la devoción estética de un pueblo que no quiere faltar a su cita cada primavera, como el enamorado que no quiere llegar tarde a la cita con su amada. Así llegó para no quedarse…….porque siempre vuelve pero jamás se queda en las calles. Viene para grabarse a fuego lento en la memoria y en los sentimientos de cada persona. Únicos y extraños a la vez que irrepetibles. ¿Acaso no es todos los años lo mismo?. Tranquilo, no se moleste en intentar explicar que la magia de cada primavera hace que sea distinto cuando llega. En cada nota musical, en cada esquina que se dobla y en la suave brisa traicionera que inquieta al pabilo vacilante prendido de su fuego, temblando antes de casi apagarse.

Se vino y quiso aliarse este año con el azul del cielo y con el azul del mar. Este año sí se engalanó casi por completo para lucir espléndida como nunca y emotiva más que siempre. Nos quedamos sin su eterna Caridad y sin su último día pero quiso ser una vez más embrujo siempre presente que te deja sin saber qué decir o qué no decir y te limita a sentir que ya es mucho. No hay problema, no se preocupe, ya nos encargamos las personas de romper el encanto con que vino en este 2014. Invadió Cádiz entero pero los gritos trataron de ahogar el encanto de su música, de su propio sonido celeste aquí en la tierra. Y todo ¿en nombre de?. Ah sí, de la libertad de expresión. No se preocupe, hace mucho que dicha libertad la desnaturalizaron, en esto y en todo.

Se marchó y dejó su sabor más dulce en todos y cada uno. El agridulce lo pusieron otros, auténticos incapaces de sentir, de palpar, de envolverse en la magia de la que se vive durante un año entero. Que la licencia poética no oculte lo que no es sino una supina e impresentable actitud de muchos o de pocos pero en cualquier caso, de aquí y de allí.

Ya comienza la cuenta atrás para los que de verdad la quieren, la anhelan, la esperan. Que sin apenas darnos cuenta ya estará aquí de nuevo, ya llegará fiel a su cita de cada año porque jamás desaparecerá ni la podrán hacer desaparecer. Ah sí, no cabe duda, pero por si acaso…. es la Semana Santa. ¿Qué si no?.

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Una Respuesta para Se vino como se fue

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    Manuel Franco 30 abril, 2014 el 14:16 #

    Me descubro ante tu prosa Paco.
    Gracias, por poner literatura a lo que sentimos muchos cofrades.
    Desde aquí “Paco Marquez Pregonero YA!”

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