Bajar a la arena

Nunca me gustó la expresión “bajar a la arena” pero es que creo sinceramente que se trata de la que mejor viene al caso. Y digo que nunca me gustó porque nadie tiene que “bajarse” cuando quiere referirse a otras personas.

Creo conocer algo el mundo cofrade. Es tan frecuente, lo he vivido y lo vivo tan en primera persona, el hecho de que muy a menudo no salgamos de nuestro mundo, que al final terminas por perder un poco la perspectiva de la realidad. Más allá de las labores sociales, de las bolsas de caridad, de los cursos de formación. Más allá, mucho más allá de eternas charlas sobre tantos y tantos temas que son nuestra auténtica pasión, de la devoción y el culto. Por supuesto mucho más allá de las constantes preocupaciones que conlleva sacar adelante nuestras Hermandades hoy en día…..está la realidad, un mundo en el que movernos y ser lo que realmente queremos ser.

No quiero pensar, me niego a pensar que al final estemos limitando nuestra propia experiencia de fe. Flaco favor nos estaríamos haciendo a nosotros mismos y a los que tenemos a nuestro alrededor. No lo quiero pensar aunque lo viva así en cierto modo. Culto y devoción son la base esencial pero tiene que haber más, mucho más que ese nexo en común. El cofrade, como cristiano que es, necesita de la experiencia de fe en su vida diaria; yo la necesito, la demando.

Han sido unos veinte chavales los que han logrado ponerme los pies en la tierra. Apenas de quince años la mayoría de ellos, de un colegio de Puerto Real. Llegué hasta ellos de la mano de Dios que actúa a través de las personas….tantas y tantas veces….Me cuesta mucho en ocasiones ver a Dios en los demás y sin embargo está ahí. Hablando con ellos, escuchándolos y sobre todo escuchándome ellos a mí (porque reconozco que si me lío a hablar, no paro) me di cuenta de que mi vida, nuestra vida, puede ser algo que realmente aporte mucho a los demás. Fui para ser entrevistado por ellos, a que preguntaran lo que quisieran…..Salí habiendo recibido una lección de vida en cierto modo. Ellos me hicieron vivir una experiencia de fe auténtica, hacía muchísimo tiempo que no vivía algo así. Da igual si unos hablaron mucho, otros poco y otros nada. Estaban allí. No sé bien cómo explicarlo pero por un momento fue como si nos conociéramos desde siempre.

Ese día no bajé a la arena. No sé qué expresión exacta darle. Sí sé que como cofrade y como cristiano fue de las mejores experiencias que he tenido, curiosamente en un ámbito muy distinto al que vivo en mi día a día. Creo que veo las cosas de otro modo. Apenas veinte chavales de quince años me han enseñado, sin saberlo ellos mismos, a lograr esto. Hay un mundo ahí fuera y tenemos mucho que aportarle. Sólo hay que querer.

A María, Irene, Joel, Pablo….a cada uno de ellos. Gracias.

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Una Respuesta para Bajar a la arena

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    Putriieebgsue 19 febrero, 2013 el 15:51 #

    Soy catalánn, mi mujer también lo es, pero mis suegros son calospinos y se conocieron (cosas de la posguerra) en Barcelona. El trabajando en la construcción (durante tres años colaboré en la construcción del Nou Camp del Barça), ella sirviendo en una casa de la burguesía media de la época. Me han hecho conocer tu ciudad, la del Compromiso, compromiso con la cultura, con la fiesta, con la tradición, con la Semana Santa. Espero poder acercarme y emocionarme con el sentimiento del silencio y a la vez con el ardor de bombos y tambores. Un saludo. Josep Manuel.

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