La música en nuestros cultos

Decía San Agustín que “El que canta, ora dos veces”, en una frase muy utilizada para alabar el valor de la música sagrada. “Pues aquel que canta alabanzas, no solo alaba, sino que también alaba con alegría; aquel que canta alabanzas, no solo canta, sino que también ama a quien le canta. En la alabanza hay una proclamación de reconocimiento, en la canción del amante hay amor…”

Es un aspecto éste, el de la música en nuestros cultos, al que no siempre se le ha dado la importancia que requiere. Mientras para la salida procesional, suele cuidarse con esmero el repertorio a interpretar por las bandas de música, agrupaciones musicales o bandas de cornetas y tambores, hay ocasiones en que las funciones solemnes de nuestras hermandades quedan huérfanas de esa solemnidad que ofrece la música sacra. El simple acompañamiento de la música de un órgano ayuda a elevar el espíritu, engrandeciendo la liturgia y embelleciendo notablemente la celebración.

Muchas de nuestras hermandades, guardan en sus archivos obras compuestas a sus titulares que no sólo no se tocan, sino que los dirigentes de sus hermandades no ofrecen a los grupos que cantan en sus cultos para que sean interpretados.

No es por echar flores al grupo al que pertenezco, pero en esta Cuaresma, en las hermandades de Humildad y Paciencia y Vera Cruz, se han interpretado todas las obras que poseían estas hermandades, siendo prácticamente todo el repertorio interpretado durante la celebración de la Eucaristía, el propio de la hermandad, poniendo así en valor un patrimonio artístico que estas hermandades poseen y que no siempre puede ser admirado.

Y si es importante el hecho de poner en valor las obras que una cofradía posee, no es menos importante la labor de esos músicos que han puesto su inspiración y su música al servicio de nuestras hermandades, ofreciendo unas obras, en la mayoría de los casos altruistamente, que no sólo enriquecen el patrimonio de esa hermandad, sino que dan mayor gloria a Dios. Me gustaría destacar en este apartado a cuatro músicos, cuyas obras llenan el apartado musical de nuestras cofradías: A los ya desaparecidos Camilo Gálvez, con su “Cántiga al Cristo de la Piedad”, el “Misere mei Deus” y el “Eterno Rey Celestial”; y el Maestro Antonio Escobar, con sus innumerables obras en muchas de nuestras cofradías (Afligidos, Vera Cruz, Caminito, Caído, Penas, Prendimiento, etc) Se han unido los jóvenes músicos gaditanos Roberto Domínguez Domínguez (con obras a las hermandades de Vera Cruz, Humildad y Paciencia, Penas, Siete Palabras, Perdón) y Juan Antonio Verdía Díaz (con obras a Borriquita, Sagrada Cena, La Palma, Aguas y Luz, Columna, Expiración) a los que, sin lugar a dudas, el tiempo y la perdurabilidad de sus obras sabrá agradecer su creatividad y amor por nuestras cofradías.

Lógicamente, pido comprensión para los que no han sido nombrados. A buen seguro, habrá otras hermandades que tienen himnos, coplas, misas, y otras composiciones y otros autores, a los que por desconocimiento de sus obras, o por olvido, no han aparecido en este artículo,  pero a los que igualmente elevo mi reconocimiento y admiración.

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