Los orígenes carnavalescos del Moreno

 

Moreno, con el tipo de 'Los sarracenos'. Colección familiar

Moreno, con el tipo de ‘Los sarracenos’. Colección familiar

 

Una imagen de Moreno a mediados de los años 40. Colección familiar

Una imagen de Moreno a mediados de los años 40. Colección familiar

 

Antonio Clavaín con el tipo de "La reaparición de los anticuarios" de 1954. Colección Manuel Clavaín Jácome.

Antonio Clavaín con el tipo de “La reaparición de los anticuarios” de 1954. Colección Manuel Clavaín Jácome.

 

Croquis de la chirigota "Los acomodadores de cine". Archivo Histórico Municipal de Cádiz.

Croquis de la chirigota “Los acomodadores de cine”. Archivo Histórico Municipal de Cádiz.

 

 

 

 

 

 

El pasado domingo 27 de abril asistimos a un exitoso festival carnavalesco en el Baluarte de la Candelaria titulado “Va por ti… Moreno” con el cual se han recaudado fondos para el busto en homenaje al comparsista Manuel Moreno Pavón “El Moreno” (Cádiz, 1934-2011). Organizado por la Asociación de Vecinos Las Tres Torres del barrio de Santa María, la Peña “Original” Paco Alba y el colectivo Los Ángeles de los Homenajes, así como con la colaboración de otras entidades de la ciudad, el citado busto se ha proyectado en la Cuesta de las Calesas, al lado de la escalera que sube hacia la calle Goleta. Calle que le vio nacer, jugar, aprender, enamorarse,… pero sobre todo vivir.

Para hablar del Moreno podríamos repetir, una vez más, que fue mano derecha del genial Paco Alba; que dirigió con soltura y estilo propio comparsas y chirigotas de los autores más importantes y consagrados que hay hoy sobre las tablas del Gran Teatro Falla; de su elegancia sobre el escenario; de su manera fina, sin estridencias, de expresarse al cantar; de su voz aflamencada,… sin embargo no haríamos más que repetir torpemente lo que otros ya han hecho de forma exitosa: Joaquín Quiñones en un pasodoble de la comparsa “La fábrica de Tabacos”, Javier Osuna en su libro “Cádiz, cuna de dos cantes”, el Catedrático José Antonio Hernández Guerrero en un magnífico artículo en la prensa local el día después del fallecimiento de Manolo, o el mismísimo Paco Alba en una entrevista de 1973 en Radio Cádiz, realizada por Aurelio de la Viesca, donde el coplero de Conil elogiaba a su discípulo: “…Moreno, de apellido y moreno de color también, que es uno… el más antiguo de los comparsistas, de los componentes de mi agrupación, un muchacho que canta muy bien, con mucho estilo, lo mismo por flamenco que por lo que sea, que tiene mucho arte y [...] ¡Y que es una gran persona también!“(1).

Por eso hoy me he decidido por repasar una de sus etapas más desconocidas para los aficionados al carnaval: sus inicios en la fiesta.

Suele decirse que la primera chirigota donde Moreno cantó fue “Los Sarracenos” de Paco Alba en 1957. Una agrupación que cambió por completo la forma de entender la, hasta entonces, típica chirigota de Cádiz. Un Primer Premio Especial con un pasodoble de los que todavía se canta -¡Oh, Cádiz!-, y un simpático cuplé con su estribillo, permítanme la licencia, “atrabalenguado”. Y todo aderezado con músicas muy al tipo, con grandes influencias morunas.

No obstante, Moreno ya había pisado las tablas del Gran Teatro Falla al menos una vez. Fue en 1953, en una chirigota juvenil titulada “Los acomodadores de cine”. Pero, ¿cómo llegó a animarse a salir en chirigotas un tímido niño que, según sus propias declaraciones, le gustaba más el flamenco que el carnaval?

La infancia de Moreno pasó entre necesidades y travesuras. En plena posguerra, los años del hambre hicieron agudizar la picaresca de las familias obreras de la ciudad. La familia Moreno no sería distinta en este sentido. Con el cabeza de familia, Bernardo Moreno Calderón, trabajando en el muelle descargando carbón, los otros miembros tenían que aportar su granito de arena como fuera. La madre, Josefa Pavón Yáñez, haciendo rifas clandestinas, los hermanos mayores, Bernardo y Juan, reclutados en el ejército de la nueva España franquista, y las niñas -Lola, Carmela, Manolilla y Pepi-, haciendo redes. El pequeño Moreno, a través de un vecino, ingresó en la panificadora Castro. Así se ganaba un dinerito y de paso sustraía pequeñas piezas de pan que luego vendía a las estraperlistas.

En sus recorridos desde la calle Goleta a la plazuela de la Cruz Verde comenzó a frecuentar bares y baches donde los parroquianos eran viejos comparsistas de la ciudad. A partir de 1948 con el regreso de un tímido Carnaval -con el nombre de Fiestas Típicas-, Moreno se introducía en el Cuco, las Ramblas, allá donde iban aquellas pobres chirigotas de posguerra: “Los murguistas de antaño” de José Trechera o “Los monosabios” de Antonio Clavaín.

Al conocer, entre otros chavales, a Felix Toledano, Julio Márquez (a) el Pelele -primo de Emilio López Prats-, Rafaelito Armario o Cecilio Marín, decidieron en la Posada del Mesón sacar una agrupación: la ya citada chirigota juvenil “Los acomodadores de cine”. Rondaban los últimos meses de 1952. La autoría musical estaría a cargo del padre de uno de los muchachos, el célebre Antonio Marín Morales (a) El Botella. Para las letras contarían con uno de los autores más destacados del momento: Antonio Clavaín Brull. Dichos autores, así como el padre de otro de ellos, Eduardo Toledano que hacía las veces de “representante”, al ver a aquel grupo reunido decidieron que el director del grupo debía ser Moreno. En palabras de Clavaín: “Este niño canta muy bien, este niño va da que hacer”.Aunque a decir verdad, incluso el propio Moreno ha restado importancia al hecho de su primera dirección:

“…ensayábamos sobre las seis y media, siete de la tarde. Horario infantil. Se acercaban por allí [Posada del Mesón] Marín y Clavaín, daban sus explicaciones, pero mi faceta de director consistía sobre todo en ir en el centro y llevar la varita con la que daba el toque para comenzar la copla. Antes todos los directores la llevaban. Por ejemplo José Quintana. Yo no decía como se tenía que cantar, era sólo para levantar la vara. Ahí no había segunda ni ná. Todos de tenor. Y cantábamos aquello de

De nuevo tenemos la moda

del pelo corto en la mujer

les gusta lucir el cogote

aunque no se laven los pies

Venía a decir que si no tienes otra mujer, con la tuya te acuestas… La letra era para darle seis cachetazos.”(2)

El jueves 5 de febrero (3) sobre las siete y media de la tarde, y tras la actuación de la chirigota “Los arrieros” -que a la postre fue el primer premio de aquel año-, la joven agrupación se presentó en el Gran Teatro Falla. Todos debutantes, todos con unas pequeñas linternas y una chaquetas a lo pobre, eso sí, con sus botones dorados. De esta manera lo recordaba Moreno:

El día que fuimos a cantar al Teatro nos mandaron a tomar por culo. Salí a escena con la linterna, iluminé al público y dije:

- “¿Estáis todos acomodaos?”-, a lo que uno, desde gallinero, respondió:

- “¡te quie´al carajo ya!”.

Imagínate como me quedé. Sólo pude reaccionar para decir:

- “Ome, ome, ome, por favó qué somos niños, qué somos niños!”

Y entonces sonó el bombo y la caja, y tipo, tipo, tipo,… y aquello me salvó de las maldades del Teatro. Mi madre decía “¡cómo a este niño le gusta el carnaval con lo cortón que es!”. Y es verdad, yo era muy tímido. Pero cuando me disfrazaba me olvidaba de tokiski. La actuación de “Los acomodadores de cine” acabó bien, por cierto. 

 

 

Y después del concurso, como mandan los cánones, a la calle. Un carnaval muy distinto al de ahora, descafeinado. La agrupación de la mano de Eduardo Toledano acudiendo a los lugares donde eran solicitados. Y a penas un disfraz entre los viandantes. Tan sólo Toledano con un capirucho en la cabeza y unas serpentinas. Todo muy pobre. No obstante, aquel primer carnaval en una agrupación le valió a Moreno para ver, entre otras, la primera chirigota de Paco Alba “Los vendedores de marisco”. Él todavía no conocía al autor pero sí a su director, Paco Patrón Tisirán y ya notó que ese señor llamado Paco Alba, aunque a bombo y caja, como todas, intentaba renovar con compases algo más complejos.

 

***

 

Meses después de aquel primer carnaval en una chirigota, Moreno y su grupo comenzarían los ensayos para una nueva agrupación. Repetían los autores y se hicieron algunas incorporaciones como Emilio López Prats y Juan Canto. Se llamarían “Los nietos de Faraón”. Chirigota en la que finalmente Moreno no pudo ir al Concurso ni a la calle porque llegó el momento del duro Servicio Militar.

Con esta somera descripción nos acercamos un poco más a los desconocidos orígenes carnavalescos de Manuel Moreno Pavón “El Moreno”, quien ha sido considerado por muchos como “el primer comparsista en la historia del carnaval“(4).

 

(1) OSUNA GARCIA, J. El periodismo en tiempos de Carnaval (1763-2005). Más linotípico no lo hay. Quorum. Cádiz, 2009. Pág. 620.

(2) Las declaraciones de Moreno fueron tomadas en varias entrevistas realizadas entre 2004 y 2011.

(3) ARCHIVO HISTORICO MUNICIPAL DE CADIZ, Sección Carnaval.

(4) Diario de Cádiz, 2 de agosto de 2011.

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