El COAC, la nave del misterio

Y lo volvieron hacer. Y lo seguirán haciendo. No lo duden. Suma y sigue. La desafección continúa y continuará con el beneplácito de unos y la complicidad de otros. Más que entender, lo que no se comprende es querer justificar lo que se cae por su propio peso. En la era de Internet -el mismo que se utiliza, no sin polémica, para acomodar entradas, rellenar un aforo que de otra forma no se llenaría y por supuesto para hacer caja-, la percepción en su utilización más mediática es incompatible, según algunos. Misma época digital y misma red de redes, distintas medidas. Curioso. La tecnología, según el COAC.

Ésa que sirve para unas cosas y se inutilizan para otras. Un doble rasero en la que se pierde las justificaciones vanas del que da espalda al futuro y se abraza al pasado, al rancio, al que ansía controlar lo incontrolable. El adiestramiento de las coplas, el encorsetamiento inútil del veto y la incapacidad de adaptación para llevarlas más allá del Puente y más allá de los confines. Y todo ello a precio cero. La mejor campaña publicitaria de las fiestas y continúa sin ser bien vista. Eso sí, según para qué. Y es que hasta para cubrir el Falla hace falta tener padrino. Cosas gaditanas.

La grandeza del Carnaval de Cádiz, de su Concurso, del Gran Teatro Falla y de todo cuanto mueve, lastimosamente, no siempre está a la altura de lo de esperado. Un guiño injusto al adsl más barato que el Falla no va a conocer en su vida. A otra medida más que aleja y margina un Concurso en decadencia, con cada vez más fracturas y más y más enemigos de un certamen que se diluye por impredecible y rácano, a cambios más acordes a los nuevos tiempos.

Querer poner puertas al campo, escudarse en un aforo limitado por los archiconocidos colaos suena como se oye, horrible e incomprensible. El contrasentido de no encontrar ubicación parece no tener problemas a la hora de dar cobijo a personajes y personajillos afines al Régimen cortijero de la Nuestra. Tarifa plana del gañoteo más cañí y menos contributivo con la fiesta. Escuchar lo escuchado y redundar en lo previsible y evidente. Es decir, lo mismo, pero en versión andaluz.

En mi defensa no ataco a compañeros. No confundir. No es así y no lo haré. No comparto las formas y las maneras de un reparto que considero injusto, arcaico y descomunal. Defiendo, ¿cómo no voy hacerlo?, el formato, la diversidad de opiniones, las diferentes formas que cada uno hace prensa y hace Carnaval. Porque creo en ello y porque por encima de todo y más allá de una acreditación envenenada, defiendo a los que sí hacen Carnaval detrás de un ordenador. A esos que sí cubren el día a día la fiesta, a los que sí dan cobertura a una peña, a un acto, a los que trabajan sin pavonearse por el Teatro y a los que sí tienen -sin intereses varios- la necesidad de informar de su tierra durante los 365 días del año. Bendito pecado. Pecadores digitalizados.

La prensa digital es igual o más necesaria que cualquiera. Me entristece que en mi tierra, la cuna de la libertad, de los LEDS de punta a punta, de puntos wifi de Cortadura a Puntales, no encuentre la forma acorde e inteligente de convivir intereses e interesados.

El COAC, la nave del misterio, continúa, no descubro nada nuevo, en su mundo, anclado en su caparazón y en su utilización particular de unos recursos y de un espacio cuanto menos discutible.

El Concurso al fin empieza, a disfrutar, suerte y al teclado, que hay mucho que escribir y mucho por decir.

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