Fin de etapa: Hospitalet

Fin de ejercicio que en lo deportivo se cierra para el Cádiz balompédico con otro escenario maldito  que sumar a su particular vía crucis por la Segunda B; Hospitalet que formar ya parte de aquellos  otros escenarios por los que el cadismo expió sus culpas en aquellas otras intentonas que tampoco fructificaron y como fueron Miranda del Ebro o Lugo. Don Juan Carlos de Borbón abdicó y hace una semana que nuestro once claudicó ante el humlide conjunto catalán del Hospitalet. El cadismo de nuevo asiste en medio de la depresión a otro final de liga marcado por el fracaso y por lo que es más duro de soportar; el retorno seguro la próxima temporada a deambular por la Segunda División B.

Se puede decir que todo empezó demasiado tarde y que todo acabó demasiado pronto en una temporada en la que la trayectoria del equipo gaditano es lo más parecido a un extraño deambular en una montaña rusa caracterizada por los mil y un altibajos; de hacer de Carranza un fortín a sufrir lo indecible fuera de casa y llegando incluso a rozar el ridículo en algunas ocasiones como ocurriera ente el modestísimo conjunto malagueño del Palo o ante la Hoya Murcia.

Ese trayecto repleto de altibajos en lo deportivo ha tenido mucho que ver con la continua inestabilidad institucional cuyo último capitulo ha sido la salida de Energy y Gaucci y la llegada de Manolo Vizcaíno y de Locos por el balón que aún hoy al día de hoy no han podido hacerse con las riendas del club de forma legal pero que llevan prácticamente ejerciendo como rectores del club desde hace unos meses. En ese vaivén de acontecimientos tuvo lugar la llegada de Antonio Calderón, ex jugador y ex entrenador y que logró no sin pocos esfuerzos colar al equipo en la tan deseada liguilla de ascenso. Con Agné todo apuntaba al fiasco más absoluto.

Llego Calderón y encendió a la afición que acompañó a los suyos a la Línea pero también a Cartagena e incluso a Hospitalet. Calderón volvió a encender la llama apagada del cadismo y éste le obsequió con su fidelidad y con su clamor. Para la historia queda ya el desplazamiento en masa a Cáceres y el recibimiento al autobús del  Cádiz cf en el primer partido de la liguilla. La ciudad volvió de nuevo a vestirse de amarillo aunque pocos sabían o creían que todo seria esta vez efímero, quizás demasiado efímero. A las primeras de cambio el Cádiz quedaría sin opciones tras una pesadilla de tan sólo cinco minutos, el tiempo que tardó el Hospitalet en enterrar la ilusión de una afición que de nuevo da con sus huesos en segunda b.

Algunos hablan de maleficio y otros creen a ciencia cierta que el pupas se ha trasladado desde su residencia junto al rio Manzanares hacia la Bahía de Cádiz para acampar junto al Estadio Carranza. El que suscribe no cree ni en maleficios y mucho menos en maldiciones. Es imposible hablar del Cádiz de los milagros de los ochenta sin citar el oficio y saber hacer de Carmelo, Oliva, Mejías, Kiko, Quevedo, Szendrei, Juan José y es imposible hablar del Cádiz de los descalabros en Miranda del Ebro, Lugo u Hospitalet sin citar a plantillas a las que en líneas generales les puede la presión y que se caracterizan por su falta de oficio. Al Cádiz se viene a jugar pero también a sufrir y el que no sepa sufrir nunca podrá enfundarse la camisola amarilla.

Fin de etapa.Todo acabó pronto, demasiado pronto o quizás todo acabó cuando tenia que acabar para un Cádiz intermitente pero que claudicó pronto y casi sin competir. Otro año más en el infierno y muy fino habrá que hilar para que el submarino reflote pero eso sólo es posible aprendiendo a sufrir sobre el terreno de juego. Otro año más, y van ya muchos, la afición respondió pero el equipo no supo corresponderle o mejor dicho no supo competir.

Salud para todos y ánimos a toda la familia cadista.

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