Yo nunca fui rociero

rocieroYo confieso que no soy rociero. Me he considerado siempre un cofrade mensajero de la Pasión, Muerte y Resurrección de Ntro. Señor Jesucristo. Como pregonero, siempre he sentido la necesidad de expresar literariamente lo que podría haber expresado cualquier habitante de Jerusalén ante unos acontecimientos tan trascendentales como los que ocurrieron en torno a la figura del Maestro.

Sin embargo; la devoción, los ritos, la tradición, el ambiente o tal vez exclusivamente el rostro de la Virgen titular de Almonte llevan cautivando mi persona cada año un poco mas.

Mis amistades y los círculos en los que me muevo siempre me han vendido una estampa del camino y de la festividad de la Pascua de Pentecostés como algo mágico, misterioso, tal vez inexplicable.

Yo, francamente les admiro. Por este motivo y aprovechando que se acercan los días grandes de la Señora, hoy os dejo una confesión poética hacia esa misteriosa y devota imagen, de devoción universal, como es la Virgen del Rocío (Patrona de Almonte).

Yo nunca fui rociero

Ni jamás salté la reja,

Yo jamás posé a tu vera

Presumiendo ser romero,

Yo jamás llevé sombrero

Ni jamás toqué el flautín,

Ni me enganché el Tamboril

Ni porté tu simpecado,

Y en las carretas montado

Jamás me vieron subir.

Pero se que tu mirada

Sobrepasa el universo,

Y hoy te entrego con mi verso

Mi confesión meditada,

Que a mi me llegan al alma

Los rayos de tu corona,

Y tu mirada me asombra

Con las cosas del destino,

Yo que nunca hice el camino

Y hoy te busco a todas horas.

Yo nunca fui rociero

Yo jamás salté la reja,

Ni me encontré tu silueta

Bendiciendo el firmamento,

En los carriles de albero

Que conducen a la gloria,

Yo jamás te vi a la aurora

De regreso hacia la Ermita,

Ni te esperé en las esquinas

Cargando con las alforjas.

Pero yo se que a mi forma

Se rezarte sin medidas,

Y sin cantar maravillas

Se muy bien cual es tu aroma,

Es aquel que sabe a rosa

A romero y a tomillo,

Al polvillo del camino

Que nos honra y nos bautiza,

El que llega con la brisa

Y se va con cielo limpio.

Yo no se si son tus ritos

Los que me atraen y seducen,

Pero algo se produce

Cuando le rezo a tu hijo,

Será el poder infinito

O su mirada de cielo,

Que sin llevar el sombrero

Ante los dos me descubro,

Y mi ambición no la oculto;

                                                                                                                                                                                                            Yo quiero ser rociero.

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