El alma de mis pequeñas reflexiones. “Fe y vida, vida y fe…”

Siempre he pensado que la fe es un don que nace en nuestro corazón, un don divino y como tal es gratuita, hay quien se lleva toda su vida buscándola sin encontrarla, otros la tienen sin darle importancia, algunos simplemente no creen y la mayoría vivimos con ella, porque es la base de nuestra esperanza y compromiso de vida. Tengo muchos amigos en cada uno de estos apartados y por encima de todo, está el respeto a las creencias de cada uno. Aunque a veces, desde ese mismo respeto, discrepemos en la misión de ciertos sectores e instituciones de la sociedad, con el bienestar de la propia sociedad y defensa de la vida, de la vida de los más indefensos. Por ejemplo, cuando algunos de mis amigos declaran que el hambre en el mundo se quitaría vendiendo los tesoros de la Iglesia, nunca los he oído hablar de vender los tesoros de las mezquitas o de las sinagogas, o los tesoros de otras religiones. El argumento lo veo muy simplista. ¿Por qué el de uno sí y el de otro no? Por esta misma razón yo les preguntaría ¿Y por qué no limitando las armas en el mundo? ¿Y por qué no haciendo efectiva de una vez el famoso 0,7 %? ¿Y por qué no entregando los excedentes a los países necesitados? Y esto no quiere decir, que yo quiera una Iglesia lujosa, la quiero humilde y misericordiosa, donde los necesitados sean el verdadero corazón de su misión.

Pero en fin, desde que el mundo es mundo, los seres humanos nunca hemos sabido llevarnos bien… ni ayudarnos unos a otros, salvo en las contadas excepciones de calamidades extremas. Y mira que todas las religiones, buscan la felicidad y comunión entre todos los hombres para llevarlos al encuentro de sí mismos, al encuentro del Dios del amor, del Dios hecho hombre. Por supuesto que existen miles de instituciones dedicadas a la ayuda a los más necesitados, a los más humildes… y que miles de hombres y mujeres siguen entregando su vida todos los días por sacar adelante a tantos millones de seres humanos. Pero a veces, el egoísmo humano nos hace olvidarnos de los demás o se convierte en odio radical hacia el que no cree en lo mismo que tú. Hoy al igual que ayer, en el mundo mueren muchos niños, mujeres y hombres, de hambre y enfermedades que ya el primer mundo las tiene olvidadas. Hoy al igual que ayer, siguen muriendo muchas personas por defender sus creencias, por defender su fe, sea del signo que sea… y hoy al igual que ayer, la comunidad internacional sigue mirando para otro lado.

Este Domingo de Ramos, le pediré al Despojado, que el Dios del amor llene nuestros corazones de compromisos para trabajar por los más necesitados, que no le pongamos fronteras a la justicia y esperanza de los más débiles, que los gobernantes trabajen para que la riqueza llegue a todo el mundo, que los jóvenes no se cansen de esperar y luchen por un trabajo digno, y que en esta Semana Santa renovemos nuestra fe y vida, para acercarnos mucho más, a ese Cristo que sigue viviendo en el corazón de cada uno de nosotros.

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