El museo de los horrores

Cada X años surge como comodín del Ayuntamiento para aletargar a las masas y hacer campaña: el proyecto del Museo de Carnaval vuelve a brotar con fuerza aunque esta vez no las tiene todas consigo, el emplazamiento que para él se ha designado desde el Consistorio no es ni mucho menos plato de buen gusto para los gaditanos que ven con ojos pasmosos como en pleno epicentro de la ciudad quiere colocarse otro mamotreto camuflado tras silueta de una batea.

Hacia esa casa del Carnaval se destinarán millones y más millones mientras Cádiz pasa apuros económicos, laborales y de toda índole por culpa de la crisis y de cómo se está gestionando desde San Juan de Dios, lo que ha ocasionado, como era de esperar, que el propio pueblo que tanto había solicitado ese rincón gaditano sea el mismo que ahora se opone a la construcción de ese edificio que, al margen de feo, saldrá por un ojo de la cara.

Siempre he sido de los que piensan que Cádiz no necesita museo del Carnaval porque cada gaditano en su casa, el que la conserve, tiene su propia galería de arte entre tipos y libretos, un patrimonio que no necesita de grandes y diáfanos espacios, sino de esquinitas llenas de carnavales y recuerdos.

La fiesta poco a poco viene adquiriendo un postín que distorsiona en gran medida la propia esencia de la misma y no es el momento de darle prioridad sobre los problemas que vienen golpeando a Cádiz sin parar, esos problemas a los que tanto se les canta durante el mes de febrero pero que luego se dejan de lado para pedir a voz en grito un museo de los horrores.

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