Historia y devoción de las reliquias de la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesucristo

Reportaje/Cuaresma
La Corona de Espinas, una de las reliquias que más curiosidad despierta entre los cristianos

Las reliquias de la Pasión siguen fascinando a estudiosos y literatos. Podríamos nombrar a la Edad Media como el periodo en el que comenzó el auge de las reliquias. La historia, atribuye a Santa Elena, madre del emperador fundador de Constantinopla, Constantino. Fue ella quien fue encontrando en Tierra Santa la mayor parte de las reliquias que aun en nuestros días son veneradas en distintos puntos de la religión cristiana. Todas y cada una de ellas fueron enviadas a la capital del reino creado por su hijo, atribuyéndole pues una mayor gloria en un escaso periodo de tiempo. De entre todas las capitales del ecúmene cristiano, Constantinopla, paso por ser la que mayor elenco y valía de reliquias albergaba, de hecho la ciudad había nacido como una prórroga de la nueva Roma.

Elena es conocida por haber organizado la primera restauración de los lugares santos Cristianos de Jerusalén. Viajó hasta Jerusalén en el año 325 a fin de encontrar las reliquias de la Pasión de Cristo. Según la leyenda, el 3 de mayo de 326 descubre en Jerusalén la cruz de Cristo, conocida mundialmente como la Vera-Cruz. Se afirma que Elena descubrió también el lugar del Santo Sepulcro. En esa época es cuando aparecieron y proliferaron las reliquias de la Pasión: la madera y los clavos de la cruz, la corona de espinas, la lanza, la esponja, el sudario, la túnica, el velo de la Verónica, la columna de la flagelación y hasta la escalinata de Pilatos; y, por supuesto, el Santo Grial.

Durante siglos se multiplicaron los descubrimientos y traslados de reliquias, en particular las de la Pasión de Cristo. La Vera-Cruz se troceó y se repartió por toda la religión cristiana. Las partes más insignes del madero donde murió Jesucristo se conservan en las basílicas de San Pedro y Santa Cruz de Jerusalén, en Roma; en la catedral de Anagni se venera también un pedazo muy notable, y en la cual se ve aun uno de los agujeros que se hicieron al crucificar a nuestro divino Salvador. Actualmente la Corona de Espinas se venera en la iglesia de Notre Dame de Paris, pero sin espinas que han sido distribuidas por toda la cristiandad: en Roma son cerca de veinte las que reciben veneración pública. En España son muchas las que reciben veneración en diversas iglesias, de hecho en el Monasterio de San Lorenzo de el Escorial se veneran once. El Santo Grial que sirvió al Redentor al instituir el Sacramento del altar, tiene el honor y la suerte de conservarlo la santa y metropolitana Iglesia de Valencia, que fue enviado a España desde Roma por San Lorenzo. Las investigaciones llevadas a cabo por los expertos destapan buenas razones para sostener que el Cáliz es auténtico. Igualmente también se conservan y se veneran las reliquias de los Clavos y el I.N.R.I. De los tres clavos que tuvieron suspendido al Salvador: uno entero se conserva en Santa Cruz de Jerusalén, en Roma; otro en la capilla del Palacio Real de Madrid, y otro se ha distribuido a diversos trozos por distintas iglesias de la cristiandad. La principal parte del I.N.R.I. se halla en la basílica de la Santa Cruz de Jerusalén en Roma.

Otra de las reliquias que se conservan y siendo de gran veneración es la Sagrada Lanzada con la que el soldado romano Longinos atravesó el costado de Jesús. La Lanza, sin la punta, se venera en San Pedro de Roma: la punta, según afirma el Papa Benedicto XIV, desde el tiempo de Luis IX de Francia fue guardada con la corona de espinas en la iglesia de Notre Dame de Paris. También conocida como lanza del Destino tiene atribuida la leyenda de que el líder alemán Adolf Hitler quedó prendado del arma debido a la leyenda que afirma que el que poseyera la lanza tendría el destino del mundo en sus manos y que su poseedor no perdería jamás una batalla, lo que le sirvió para convertirse en uno La obsesión de Hitler, que no paro de buscarla hasta que la tuvo en su poder.

De entre todas las reliquias de la Pasión de Cristo de las que se tiene constancia y actualmente venera la cristiandad, destaca sin lugar a dudas la Sábana Santa, o Sudario de Turín. A lo largo de la historia ha sido objeto de estudios científicos con carbono 14 para poner a prueba su autenticidad causando mucho revuelo, aunque no han llegado a cerrar el debate sobre sus orígenes. Más allá de verosimilitudes y pruebas científicas, la Sábana Santa sigue despertando mucho interés en el mundo moderno. A la hora de establecer el motivo cristiano de venerar las reliquias radica en la veneración de los mártires, testigos de Cristo al derramar su sangre para la salvación del mundo. La veneración de la Cruz, de los instrumentos de la Pasión, y todo tipo de objetos relacionados con la vida de Cristo son profundas y fuertes en el pueblo cristiano, comenzando por los peregrinos en Jerusalén.

La veneración de los santos lugares y objetos tiene el propósito de poner en una parte más profunda de los misterios de Cristo: su vida, su misión, el sufrimiento, la muerte y la resurrección. Por lo tanto existe el debate si se trata más de hechos históricos que de hitos devocionales. En el conjunto de las reliquias siempre se plantea la duda si tras ellas existe una referencia histórica que llegue a demostrar su antigüedad. Dejando a un lado cualquier prueba científica queda claro que para la cristiandad tiene su valor. Infunden profundo respeto y, al mismo tiempo, causan una intensa atracción, haciendo que la sed por lo divino haga que el hombre experimente la sensación de mirar y creer.