'Amarguras', el poema sinfónico fúnebre convertido en himno

Cofradías/Música
La Amargura de Sevilla

Desde Universo Gaditano continuamos nuestra apuesta por la música cofrade lanzando nuestra segunda entrega del serial musical en el que analizaremos una de las composiciones más relevantes de la Semana Santa, la marcha 'Amarguras'. Esta composición nunca falta en el repertorio musical tras un paso de palio. Al escuchar sus notas podemos afirmar que se trata del mejor de los poemas sinfónicos y que quizás aún nadie ha podido superar. Ha sido catalogada junto a “Virgen del Valle” como gran referente de la música sobria, de hecho suele decirse que aquella banda que llega a interpretar de manera solemne y brillante “Amarguras” se atribuye una salto de calidad para desmarcándose del resto de agrupaciones musicales, no en vano es conocida como el Himno de la Semana Santa.

Al analizar en profundidad algunos aspectos de esta composición, hay que tener en cuenta varias anécdotas. Por un lado su nombre, "Amarguras", si con “s” al final, así aparece inscrita en el Registro de la Propiedad Intelectual desde 1924, aunque con el paso de los años se ha aceptado como “Amargura”.  En las últimas grabaciones discográficas, parece ser que se está queriendo recuperar el nombre original de la pieza, por lo que no dudan en titularla como está registrada oficialmente la composición.

Otra curiosidad es que la marcha fue creada por encargo de Manuel Font Fernández de la Herranz en 1919 a sus hijos Manuel y José que por entonces se encontraban en Madrid. La petición se llevó a cabo tras varios intentos sin éxito de que compusiera una marcha para Nuestra Señora de la Amargura de Sevilla. Por ello a través de una carta en la cual figuraba una foto de la Virgen de la Amargura y una frase que venía a decir "Ya que a mí no me hacéis caso, ¿seríais capaces de negárselo a la Virgen que os mando?”.  El encargo se debe a que Manuel Font Fernández, se encontraban muy ligado a la cofradía de la Amargura y pensó que la mejor forma de rendirle honores a la Virgen de San Juan de la Palma era componerle una marcha a su dolorosa.

Igualmente resulta más que curioso, misterioso, que con el paso de los años existen muchas versiones y discusiones sobre si esta marcha fue compuesta por los dos hermanos Font de Anta o en solitario por Manuel o José. Parece ser que con fecha registral de 1924 aparece la marcha a nombre de José Font de Anta. La duda en cuanto a la autoría reside de que existe otra reseña registral de 1919 que atribuye la autoría a Manuel Font de Anta. Su primera marcha data de 1905, titulada Camino del Calvario. A los 18 años, ya dirigió las orquestas del Teatro principal de Cádiz y del Teatro Mayor de Buenos Aires. El apellido Font de Anta era considerado como el de los mejores músicos de la época. Aparte de componer, se dedicaban a dar conciertos por toda Europa y América. Tras los estudios minuciosos de la partitura de la marcha y ser cotejada junto a varias composiciones de la familia Font de Anta, los expertos llegan a afirmar que su creador es indiscutiblemente Manuel, aunque no por ello haya que dejar a un lado a su hermano José del que se cree que quizás hubiera contribuido mediante varias sugerencias a piano. La pieza fue nombrada por el autor como  “Poema sinfónico en forma de marcha fúnebre”, de la cual si se sabe con exactitud que fue instrumentada por el padre, Manuel Font Fernández de la Herranz.

Estudio

Entrando un poco en el estudio a fondo de la marcha podríamos decir que la forma de la obra depende del curso de la historia que narra, en este caso del guión literario que el autor dejo. Por tanto la obra es más libre, no atada a una forma musical concreta. A pesar de tener una forma más libre, Font de Anta ha respetado en líneas generales la estructura clásica de la marcha. La diferencia es que incluye dos tríos en vez de uno, y que al final, introduce un trozo en forma de saeta. Dividendo por partes podemos decir que comienza simulando los rumores del cortejo que conduce al Redentor. Los primeros compases, que constituyen el tema fundamental de la obra, describen la omnipotencia de Cristo. Continúa el poema con el desarrollo del tema inicial. Constituye el segundo motivo compases de apacible dulzura, inspiradas en las consoladoras palabras de San Juan a la Virgen. Dicha frase es interrumpida por los apóstrofes lanzados por las turbas al Redentor. Esta segunda frase llega a su más alto grado de sonoridad. Seguidamente comienza el tercer motivo en forma de coral en pianísimo, evocador de rezos de los creyentes y es interrumpido varias veces por las trompetas romanas. Continúa el coral en alto grado de sonoridad dando paso a la simulación del cortejo, dejándose escuchar de nuevo tema base de la obra descendiendo, emulando como el cortejo desaparece. Como pieza final se oyen los comienzos de una saeta interrumpida por las campanas, saeta que queda por terminar como invitando al pueblo para que la continúe; seguidamente termina con la marcha en su mayor sonoridad como tema fundamental de la marcha.

Manuel Font de Anta

Como último detalle resaltar que los estudios realizados desvelan que Manuel Font de Anta no quería dedicarle tiempo a ésta composición y de hecho se negó varias veces a hacerla. ¿Es posible que la mejor marcha de la historia fuera escrita con desgana y por salir del paso? ¿Qué le pasaría por la cabeza a Manuel cuando recibió la carta con la foto de la Amargura? Podríamos decir que las sensaciones que le inspiraron serian como una página de dolor, de la cual el autor no llego a imaginar la trascendencia que tuvieron al ser plasmadas en una partitura esas sensaciones, para crear la composición que dejo su nombre escrito con letras de oro en la historia de la música procesional.

La marcha comienza con unos primeros compases que tratan de evocar los rumores del cortejo procesional, destacan la omnipotencia de Cristo. Después se desarrolla el tema inicial. El segundo motivo es una frase de apacible dulzura, una conversación entre San Juan y la Virgen de la Amargura que llegará a su más alto grado de sonoridad. El tercer motivo (en forma de coral) en "pianísimo" traza los rezos de los creyentes interrumpiéndose con el sonido de las trompetas romanas. Se vuelve a escuchar el tema inicial, el cortejo ha desaparecido. Se esboza el comienzo de una saeta pero se interrumpe por campanas culminando, en "fortísimo" esta composición.