'Transformers': Ha llegado la hora de la extinción para la saga

Cine/Críticas
Carátula del film

Título original -  Transformers: Age of Extinction (Transformers 4)

Año: 2014      

Duración: 165 min.      

País: Estados Unidos

Director: Michael Bay

Guión: Ehren Kruger

Música: Steve Jablonsky

Fotografía: Amir Mokri

Reparto: Mark Wahlberg, Nicola Peltz, Jack Reynor, Stanley Tucci, Kelsey Grammer, Sophia Myles, Victoria Summer, T.J. Miller, Han Geng, Li Bingbing, Brenton Thwaites, Cleo King, Titus Welliver, Teresa Daley, Michael Wong

Productora: Paramount Pictures / Hasbro / China Movie Channel

Género: Ciencia ficción. Acción | Robots. Extraterrestres. Secuela. 3-D

CRÍTICA

Hace unos 30 años que llegaron a España, a la sombra del insuperable Mazinger Z. Tras un efímero pero arrasador paso por la oferta ociosa infantil del momento  - con los relojes de muñeca transformables como máximo exponente - , los Transformers durmieron el sueño de los justos durante casi un cuarto de siglo. Hasta que en 2007 regresaron a la gran pantalla de la mano de Michael Bay, un californiano amante del cine de acción y explosiones, que sabe exprimir al máximo las posibilidades de la tecnología, como ya demostró en su momento con cintas como ‘Armageddon’ o ‘Pearl Harbour’.

En pleno auge de la cultura lúdica nipona, con festivales y salones dedicados a la misma por todos los rincones de occidente, Transformers reventó las taquillas en buena parte del planeta, convirtiendo la producción puntual en una saga que terminó de asentarse, en buena parte gracias a la habilidad de una de las productoras intervinientes,  Hasbro, convertida hoy en la  mayor fabricante de juguetes del mundo tras desbancar a la otrora inalcanzable Mattel.

‘Transformers: la era de la extinción’, es la cuarta entrega (en poco más de seis años) de esta serie de películas dedicadas a seguir las aventuras de Optimus Prime y el resto de su especie robótica. Sus secuelas, cada vez más cercanas en el tiempo, son un fiel reflejo de la filosofía del cine comercial actual, consistente en exprimir, como si de un limón se tratara, cualquier tema susceptible de generar beneficios, aunque sea en detrimento de la calidad narrativa o coherencia de las historias. 

En esta ocasión, la acción se ubica cuatro años después del final de la anterior cinta, en un mundo en plena reconstrucción tras la devastación provocada por la batalla entre los Autobots de Prime y los Decepticons, hoy aparentemente desaparecidos de la faz de la tierra. En esta tesitura, nos encontramos con dos escenarios iniciales: por una parte, los Estados Unidos, que en su insaciable ansia de convertir en armamento cualquier atisbo de tecnología, pone a un vanidoso, arrogante y soberbio científico, interpretado por  Stanley Tucci (habitual en este tipo de caracterizaciones por su aspecto natural), al frente de un proyecto de recuperación y reutilización de la tecnología de los Transformers. Por otro lado aparece, Cade Yeager, una especie de mecánico – investigador – inventor rural, al que da vida Mark Wahlberg, y que compra un ruinoso camión que resulta ser el mismísimo Óptimus Prime. Poco a poco, los caminos de unos y otros se irán acercando hasta converger ante la aparición de una amenaza inminente y sin precedentes, que podría acarrear el fin de la vida humana en el planeta.

Con un argumento totalmente supeditado a las escenas de acción y que no logra conseguir unos mínimos de fluidez, esta cuarta entrega de Transformers es sin duda la más pesada y pobre de todas. A lo largo de casi tres horas y con escasas dosis de coherencia, los pobres diálogos son el mayor de los lastres de un guion caótico, que se muestra totalmente incapaz de mantener despierto el interés del espectador, que si bien espera desde el principio densas dosis de acción, también necesita un hilo conductor que las justifique y no una simple sucesión de las mismas, de una duración excesiva, confusas en su desarrollo y absurdas en las pretendidas ironías que ofrece y que no dejan de ser más que un ejercicio tras otro de claudicación ante la mediocridad.

Eso sí, efectos especiales de última generación, todos los que quieran, y de una calidad inmensa. Pero como decía un antiguo anuncio de neumáticos, “potencia sin control no sirve de nada”; y precisamente es quizás el peor de los defectos de los que adolece esta última entrega: que cuenta con un gran potencial que se ve desperdiciado y asfixiado por un desmesurado descontrol en su conducción. De hecho, un cambio en el orden de las escenas, exceptuando algunas puntuales, ejercería una influencia inocua sobre el desarrollo del filme, lo que facilita al posible espectador la formación de una imagen sobre el caótico desarrollo que ofrece la película.

En el aspecto interpretativo, poco hay que decir, salvo que se agradece la desaparición del elenco del insípido  protagonista Shia LaBeouf, aunque también se echan de menos las alocadas apariciones del alocado  John Turturro, protagonista de los mejores momentos de toda la saga.

‘Transformers: la era de la extinción’. Quizás sea cierto y haya llegado la hora de la extinción. De la de la saga, naturalmente.