'Grace de Mónaco', una forma de 'telenovela condensada'

Cine/Críticas
Carátula del film

Título original: Grace of Monaco

Año: 2014

Duración: 103 min.

País: Francia

Director: Olivier Dahan

Guión: Arash Amel

Fotografía: Eric Gautier

Reparto: Nicole Kidman, Tim Roth, Milo Ventimiglia, Derek Jacobi, Parker Posey, Paz Vega, Frank Langella, Geraldine Somerville, Robert Lindsay, Roger Ashton-Griffiths, Flora Nicholson, Jeanne Balibar

Productora: Coproducción Francia-USA-Bélgica-Italia; Stone Angels / YRF Entertainment / Film Fund Luxembourg

Género: Drama, Biográfico.

CRÍTICA

Aunque es evidentemente que toda generalización parte de un prejuicio, y que ello conlleva una inevitable predisposición negativa a la hora de valorar cualquier asunto,  también es cierto que la opinión crítica debe intentar mantener un nivel de asepsia que esquive este binomio, tan nocivo como atractivo y tentador.

En esta ocasión, la reflexión viene motivada por las características de ‘Grace de Mónaco’, una película en la que intervienen hasta seis productoras de diversos países, entre los que se encuentran Francia, Estados Unidos o Italia. A priori, se hace difícil concebir qué grado de rigor histórico  podemos esperar de la biografía de un personaje cuyos datos y existencia han estado siempre rodeado de una oscura bruma, supeditada a los intereses económicos que gobiernan el Principado de Mónaco, y contando con que muchos de ellos han provocado tensiones entre la mayoría de los estados de los que conforman esta especie de Entente Cordiale, que parece formar esta agrupación de productoras.

Por fortuna, las dudas se disipan poco tiempo después de apagarse las luces y comenzar la proyección. Ante la falta de información consistente, el espectador se encuentra con una forma de ‘telenovela condensada’ en la que la petulancia, la pomposidad y la simple sensiblería constituyen el único argumento que soportan este tedioso engendro cinematográfico que realmente resulta, como bien la catalogan las distribuidoras, ‘dramática’ (y que cada uno interprete la calificación como crea conveniente).

Un interminable desfile de tópicos, de planos de la Riviera que por momentos hacen que parezca un  ‘publianuncio’ de la zona, acompañados de toneladas de una insoportable melaza y cursilería, con la que se justifican 103 minutos de sonatina; la princesa está triste... ¿Qué tendrá la princesa? 

De fondo, y como excusa para darle un contexto al filme, la añoranza de Su Alteza Serenísima Gracia de Mónaco, que hastiada y aburrida de una vida vacía y con una profunda sensación de abandono, pretende volver a recuperar parte de la Grace Kelly que encandilara al mundo a principios de los años 50. Todo ello, ante la firme oposición de su esposo el Príncipe Rainiero, en plena crisis diplomática con el sátrapa presidente francés De Gaulle (Dios los cría y ellos se juntan), que amenazaba con anexionarse el paraíso fiscal para mafiosos y delincuentes que fue, es y será  - con la bendición de la UE -  Mónaco.

Olivier Dahan, centra la cámara de una manera exagerada en una Nicole Kidman que hace todo lo posible para darle algo de caché y calidad a la deprimente historia, aunque el abuso de los primeros planos de la actriz resaltan de una manera innecesaria sus ‘retoques’ estéticos. Para completar el desbarajuste, un Tim Roth que si bien nunca ha destacado por su serenidad interpretativa, al menos consigue aletargar un poco el histrión que lleva dentro.

Para rematar la jugada, nos encontramos a Paz Vega  ‘interpretando’ a Maria Callas. Por suerte para su carrera, la sevillana aparece durante poco tiempo.

Pero como afortunadamente no hay mal que cien años dure, llega  un momento en el que se encienden las luces y la mayoría de los espectadores saltan como un resorte de sus asientos y enfilan las escaleras buscando con desesperación la puerta de la salida.

Y para qué negarlo; confieso que yo fui uno de los primeros en hacerlo.