Calderón, el técnico de la casa que ha devuelto la ilusión al cadismo

Ocio/Cadiz Club de Fútbol
Antonio Calderón

Cinco triunfos (Córdoba B, Balona, Sanluqueño, Sevilla Atlético y La Roda), dos empates (Granada B y Cartagena) y ninguna derrota. Diecinueve goles a favor y siete en contra. Esta es la liga de Antonio Calderón. 

El técnico gaditano ha conseguido desde su llegada al banquillo cadista (18 de marzo) el primer objetivo que se propuso. Ese no era otro que ser la mejor escuadra de las veinte que forman el Grupo IV de la Segunda División B en las ocho jornadas que restaban para el final de la temporada regular y esta a sólo un partido de conseguirlo. 

El Cádiz de Calderón, seria a día de hoy y a falta de una jornada, el líder de la clasificación virtual de esas ocho jornadas. Con 17 puntos de 21  posibles solo el Albacete, campeón de grupo, le haría algo de sombra ya que los de la Mancha han acumulado 16 puntos en las mismas jornadas. 

En cuanto al registro anotador, los amarillos también son líderes destacados desde la llegada del técnico gaditano. Con 19 goles en su casillero solo el filial del Granada le anda a la zaga con 16 dianas en igual número de partidos. 

Si el Cádiz vence el próximo domingo en el Estadio Príncipe Felipe de Cáceres, aunque solo es necesario un punto para asegurar la cuarta plaza y obtener el billete para los tan ansiados playoff, el conjunto amarillo certificaría el objetivo que se marco Antonio Calderón a su llegada. Ir partido a partido y ser el mejor en las últimas ocho finales que le quedaban a los gaditanos para conseguir el propósito marcado. 

Pero al margen de los números cosechados, Calderón desde su llegada ha conseguido algo mucho más importante, ha inculcado a sus hombres esa dosis de optimismo y entusiasmo que han impulsado al Cádiz desde la depresión a la euforia desde el desanimo al afán por conseguir el objetivo de meterse entre los cuatro primeros al final de las treinta y ocho jornadas de campeonato. 

El Cádiz del míster gaditano ha conseguido enderezar el rumbo a tiempo. Ha mantenido el buen bagaje como local y ha mejorado a domicilio. No es que el Cádiz de Calderón corra ahora más que cuando lo entrenaba Raúl Agné, es que corre mejor. El equipo está mejor posicionado en el campo. Las líneas están más juntas para defender y lo mismo para atacar. El grupo se mueve como un fuelle de un lado a otro del terreno de juego y eso se plasma en los resultados. 

Asimismo Calderón ha sabido recuperar a hombres que si bien no es que estuviesen realizando una mala temporada con el entrenador gaditano han mejorado su rendimiento. Curioso es el caso de Jorge Luque. Su figura ha crecido como constructor de juego. Con Agné, tocaba, conducía, pasaba y decidía después de pensar varios segundos con la pelota en los pies. Calderón ha modificado el registro del cordobés sin menoscabar su función primordial. Le pide menos conducción, menos pausa para endulzar la jugada y menos participación en todos los ataques. 

Esa pérdida de protagonismo no ha perjudicado a Luque, que continúa siendo el timón del grupo y por el contrario si ha beneficiado la velocidad del balón lo que se ha traducido en una mayor verticalidad que a su vez se ha traducido en una mayor renta anotadora. 

Pero además de mejorar al equipo en el apartado técnico, Calderón ha impulsado los valores propios del cadismo y se los ha inculcado al grupo desde el primer día. Ahora los jugadores saben lo que se siente al vestir la elástica amarilla. Saben que representa ese escudo que llevan en el pecho y lo más importante conocen la idiosincrasia de una afición que con poquito que se le de esta mas que dispuesta a llenar autobuses para desplazarse más de 500 kilómetros para apoyar a su equipo como recientemente hizo en el duelo frente al Cartagena y como volverá a hacer este próximo fin de semana en el decisivo encuentro en tierras extremeñas frente al Cacereño. Ni que decir tiene que si se consigue sellar el boleto para los playoff la marea amarilla recorrerá media España si es necesario. 

Por otro lado el liderazgo de Calderón se representa, entre otras cosas, en sus declaraciones. Desde su llegada ha estimulado a una afición algo dormida y desencantada con todos los asuntos extradeportivos que rodeaban a la entidad de la Plaza de Madrid. 

Sus declaraciones en rueda de prensa y a través de las redes sociales son un canto al optimismo. Su última frase antes del partido ante La Roda deja claro que con el gaditano no hay lugar al pesimismo "El que no crea, que se quede en casa”. Toda una declaración de intenciones de un técnico que ha sido un revulsivo tanto para la plantilla como para la afición. 

Aunque la clasificación para los playoff aún no está matemáticamente conseguida, no es menos cierto que si finalmente se suma el punto necesario este próximo domingo en Cáceres, el Cádiz está en la senda correcta para lograr el tan ansiado ascenso de categoría. Un ascenso en el que sin lugar a dudas tendrá buena parte de culpa el técnico gaditano. 

Como se recogía en uno de los mensajes que el pasado domingo portaban serigrafiados los jugadores cadistas en sus camisetas “Animar para luchar. Luchar para ganar. Ganar para soñar.”  Y eso precisamente soñar es lo que está haciendo la afición cadista desde la llegada de Antonio Calderón. Pues eso a seguir soñando que con este equipo todo es posible.