El cadismo llora la prematura muerte de su entrenador "milagro" Ramón Blanco

Ocio/Cádiz Club de Fútbol
Ramon Blanco hablando de fútbol, su gran pasión

Siempre será el hombre "milagro" del cadismo. De las múltiples hazañas que quedan en la memoria de aquel submarino amarilo quizás la que más se recuerda sea la de salvación de la temporada 90-91. Había que ganar varios partidos consecutivos y, posteriormente, si se lograba la hazaña superar la promoción de descenso contra el Málaga. La tenacidad de Ramón Blanco podía con todo. Hace poco menos de una semana, concretamente el sábado, un derrame cerebral le ponía en el trance más complicado y difícil que ha tenido nunca. Desgraciadamente, no lo ha podido superar y en la tarde de hoy jueves 9 de mayo se certificaba su fallecimiento. Tenía 61 años.

Aquel hombre del bigote y el jersey rosa tenía una habilidad innata para enfrentarse a las situaciones límite. Siempre sintió el cadismo como algo especial pese a no haber nacido en la Tacita de Plata. Por eso siempre recurría a los canteranos para que le "sacaran las castañas del fuego". Primero ocurrió con Kiko Narváez en aquel partido agónico contra el Zaragoza y luego al año siguiente en la eliminatoria a vida o muerte contra el Figueras. La vida siempre ganaba la muerte. Por eso sorprende tanto que se haya ido tan joven. 

Eso era lo que quedaba de cara a la galería. Pero quizás otro de sus grandes logros fue también el configurar a una cantera que solo daba alegrías. El Cádiz B pocas veces ha estado mejor en su historia que con Ramón Blanco al frente. Aquella época dorada siempre se ha puesto como referente de un club que hacía las cosas de otra manera que, en definitiva, miraba por el futuro. El técnico, nacido en la localidad gallega de Vimianzo, llegó el fútbol español en 1972 para formar parte de las filas del Mallorca. De allí marchó al Real Betis y en la temporada 1976-77 fichó por el Cádiz. Se pasó cuatro años de ensueño en los que disfrutó del primer ascenso del equipo amarillo a Primera División en aquel memorable partido contra el Terrassa del 5 de junio de 1977. De la provincia de Cádiz a Huelva, pero por poco tiempo ya que de tierras choqueras volvió para vivir un periplo de tres años en el Racing Portuense y más corto en el Chiclana y en el Sanluqueño. Colgó las botas como futbolista en el año 1987 en el Moguer a los 35 años de edad.

Como entrenador, su época más brillante la ha vivido en el Cádiz. Protagonizó los dos milagros referidos de las promociones contra Málaga y Figueras. Luego regresó en una segunda etapa donde estuvo a punto de lograr subir de categoría de Segunda División B a Segunda División. La mala suerte se cebó con un grupo en el que le tocaron a los dos filiales poderosos y un desafortunado arbitraje de Ceballos Silva en el primer partido contra el Real Madrid B en Carranza comenzó a enterrar las opciones de ascenso que finalmente se disputarían madrileños y catalanes, que finalmente se llevaron el gato al agua.

Posteriormente tuvo estancias más cortas en otros clubes como Almería, Granada, Torredonjimeno y San Fernando. En la presente temporada fue requerido por el equipo de sus amores pero solo pudo estar en el banquillo tres partidos. Su misteriosa salida quizás encuentre desgraciada respuesta en la actualidad, ya que uno de los motivos que se esgrimió en su momento fue que el gallego se encontraba enfermo.

Más allá de su vinculación directa con los banquillos, Ramón fue sobre todo un hombre de fútbol. Así lo demostraba cada noche en sus apariciones en el submarino amarillo de Onda Cádiz Televisión. Pero de fútbol de verdad, de los que se tragaba un entrenamiento tras otro en el Rosal tuviera o no tuviera que trabajar. La fiel infantería amarilla nunca le olvidará. Descanse en paz.