La historia de la marcha 'La madrugá' abre el serial musical

Cofradías/Música
Abel Moreno Gómez

No querido lector, no piense que abriré un nuevo debate sobre un tema tan peliagudo como el de la Madrugá. No, esta vez no. Aunque en muchos rincones de la ciudad lo que más resuenan en estos días son coplas carnavalescas, en un nutrido número de hogares gaditanos, en los que se aguarda con recelo la llegada de una nueva cuaresma y su correspondiente Semana Santa, esos sonidos se intercalan con marchas procesionales haciendo que la espera sea un poco más llevadera. Desde Universo Gaditano, haciendo una apuesta por la música cofrade, lanzamos un pequeño serial musical en el que analizaremos algunas de las composiciones más relevantes de la Semana Santa. Y no hay mejor forma de comenzar a sumergirnos en la música procesional que con la composición que ha llegado a convertirse en todo un fenómeno de masas, sonando más allá de nuestras fronteras y colocando a su compositor en la primera fila de grandes creadores musicales.

Hablamos de 'La Madrugá' (1987), del compositor onubense Abel Moreno Gómez. En Sudamérica es conocido como el rey del pasodoble. En Francia como el torero de la música, y en nuestro país su popularidad comenzó a hacerse notoria cuando llegó a Sevilla en 1984 para dirigir a la Banda de Soria 9, otorgando a la música cofrade una mayor transcendencia. Abel Moreno no era considerado como un compositor revolucionario, pero supo aprovechar muy bien los recursos que tenía en su mano. Una banda de reconocido prestigio, Sevilla y sus cofradías y un mercado discográfico cofrade aun en comienzo de expansión. Militar de carrera y músico apasionado, supo plasmar en cada obra el verdadero sentimiento de la Semana Santa Andaluza. Sus marchas se caracterizan por ser sencillas, usando melodías agradables al oído y resultando de escasa dificultad de interpretación por parte de cualquier agrupación musical. A lo largo de su carrera musical ha escrito recordadas obras y entre las que se encuentran 'Hermanos Costaleros', 'Lloran los clarines', 'Virgen de los Estudiantes', 'A la voz del capataz o Encarnación Coronada'.

La Madrugá, concebida como marcha procesional fúnebre y cuya musicalidad sobrecoge, ha sido interpretada en todo el mundo, sirviendo como banda sonora cinematográfica en países como Francia y Alemania. En España resulto ser el telón sonoro en la escena final de la película Alatriste, cuando se reproduce la batalla de Rocroy, en la Guerra con Francia. En dicha batalla intervinieron Viejos Tercios el Regimiento Soria 9, la unidad más antigua del Ejército, por lo que no deja de ser algo significativo.

La marcha está catalogada como un poema sinfónico, en el que se hace un relato de lo que acontece en la noche más esperada por los amantes de la Semana Santa, la Madrugá sevillana. En la obra se ha plasmado el carácter de las cofradías que realizan estación de penitencia en tan señalada noche. Desde el comienzo de la misma, tambores templados, la entrada de los saxos con esas cuatro notas descendentes, desnudas, desafiantes y amargas hacen presagiar el final trágico de la muerte de Jesús en la cruz.

Llegamos a los 40 segundos, en el que comienza el fragmento dedicado a la hermandad de Jesús Nazareno del Silencio en forma de Padrenuestro musical que el autor tenia compuesto con anterioridad. El rumor de las campanas que llaman a la oración, representan la mejor forma posible de mencionar a la Cofradía en su salida, la misma que algunos historiadores mantienen como la más antigua de Sevilla, aunque en la realidad no existe documentación acreditada que justifique esta tesis.

A partir del minuto 1.44 segundos, comienza el fragmento dedicado a Jesús Nazareno del Gran Poder, Señor de Sevilla, a su paso por la calle que lleva su nombre, cuando la voz del silencio irrumpe en la Santa Madrugá para acariciar los corazones de los fieles. Habla la respiración contenida, la gélida noche  y el rumor de la brisa. El saxo alto es el que da la introducción para posteriormente la banda al completo le acompañe en la reposición completa del tema.

Llegamos al instante en el que la composición comienza a tener ritmo de marcha procesional. A partir del minuto 3.05 segundos, comienza el fragmento dedicado al crucificado de la Hermandad del Calvario. Con dulce y suave melodía el autor intenta plasmar musicalmente la salida de la cofradía desde la céntrica iglesia de la Magdalena. Conforme viene interpretándose la marcha se percibe lo que el compositor llama una "cadencia rota", punto de transición entre las tres cofradías de ruan de la madrugá, Silencio, Gran Poder y Calvario, y las tres de capa, Macarena, Esperanza de Triana y los Gitanos.

Tras este contrapunto que sucede en la Madrugá de Sevilla cuando llega el ecuador de la noche, comienza la que quizás sea la parte más emotiva y melódica de la marcha. A partir del minuto 4.36 segundos, aparecen en escena y manteniendo una conversación las dos Esperanzas de Sevilla, Macarena (clarinete), y la Esperanza de Triana (saxo alto) que le contesta a partir del minuto 4.46 segundos. Tras el dialogo entre las advocaciones que más fervor aglutinan en la Madrugá, toda la banda se une a la conversación de las Esperanzas.

El minuto 5:55 segundos, se reexpone el tema del Silencio con sonido de campanas, anunciando antes de que llegue el amanecer que la Hermandad de los Nazarenos de Sevilla vuelve a su templo, así como el resto de hermandades de negro que dan paso a las de barrio.

Llegamos al momento del amanecer. En el minuto 6.32 segundos, la banda se divide en tres. Una parte recupera los fragmentos de la Macarena y la otra la respuesta de la Esperanza de Triana, simbolizando sus alegres vueltas a su barrio junto a los fieles que les acompañan a la luz de la mañana del Viernes Santo. A su vez, la tercera parte de la banda interpreta el fragmento dedicado a la última Hermandad de la Madrugá, la Cofradía de los Gitanos. En el minuto 6.43 segundos, representado acertadamente en las trompetas, se simboliza la llegada de un nuevo día, el adiós al frio de la noche y la esperanza por el anuncio de la resurrección.

Llega el final. En el minuto 7.16 segundos, tiene lugar la apoteosis musical de la marcha con el sonido de tres notas finales sobre redoble de timbales llenos de sensibilidad y representando el cierre de las puertas del templo, dando así por terminada la noche de los sueños y la que muchos llevan esperando todo un año. Hasta aquí nuestro particular reconocimiento al Maestro Abel Moreno por regalarnos piezas de calibre procesional inalcanzable como “La Madrugá”. Os dejamos un enlace de la misma para que podáis comprobar nuestro estudio minucioso.