Benedicto XVI abandona definitivamente el Vaticano entre el volteo de campanas

Iglesia/Vaticano
El Papa se despidió ayer de una multitud de feligreses

Llegó el día señalado. Benedicto XVI despegó en helicóptero y abandonó Ciudad del Vaticano tras cumplirse su intención de renunciar al Pontificado, lo que por primera vez desde hace muchos siglos hará vivir en la Iglesia Católica un periodo de sede vacante. El último día del Papa transcurrió según lo previsto. Se levantó a las seis de la mañana y ofició la Santa Misa. Alrededor de las 11.00 y durante casi más de un hora procedió a despedirse de los cardenales. Personalmente fue intercambiando algunas palabras de despedida con cada uno de los cardenales que se encontraban en Roma en ese momento. En sus palabras previas a los saludos, Benedicto XVI prometió obediencia incondicional al próximo Pontífice.

Sobre las 16.45 efectuaba la salida del Vaticano Joseph Ratzinger. Tras ser despedido por el secretario de Estado Vaticano Tarcisio Bertone en el patio de San Dámaso, el Papa se dirigió al automóvil que lo llevó hasta el helipuerto situado en lo alto de la colina del Vaticano. A las 17.00 horas, con puntualidad suiza, tuvo lugar el despegue del helicóptero, momento en el cual voltearon todas las campanas de Roma como sentido homenaje del pueblo romano a Benedicto XVI. Desde allí se trasladó a Castel-Gandolfo, residencia veraniega del Pontífice y donde residirá dos meses antes de su traslado a “Mater Ecclesiae”, la residencia definitiva de Benedicto XVI dentro de la Ciudad del Vaticano. Nada más llegar no dudó en saludar a los fieles congregados. Procedió a asomarse al balcón principal del palacio, y realizó su última aparición en público ante los que se congregaban en la plaza mayor de la villa. Las últimas palabras del Papa fueron las siguientes «Queridos amigos, estoy muy feliz de estar con vosotros. Ya sabéis que este es un saludo distinto a los anteriores. Vamos a avanzar adelante por el bien de la Iglesia del Mundo. Grazie buona notte!».

El reloj marcó las 20.00 horas, la fijada para dar por finalizado el Pontificado. La Guardia Suiza procedió a retirarse, siendo sin lugar a dudas el síntoma más inequívoco del final del Pontificado de Benedicto XVI, ya que la misión de la Guardia es custodiar al Papa. Fue la propia Guardia Suiza la que procedió a cerrar las puertas del palacio. Seguidamente, la guardia se trasladó a Ciudad del Vaticano para proteger a los cardenales, que serán los que actualmente gobiernen la Iglesia durante el periodo de “Sede vacante”. Desde la misma hora en la que se dió por concluido el Pontificado, Benedicto XVI se desprendió del anillo del Pescador, que será entregado también al Camarlengo para su “anulación”. La pieza dorada, ovalada y con el borde lateral en oro blanco representa a San Pedro en una barca en el momento en que echa las redes al mar, que en este caso y sentando un precedente en la historia de los Papas no será destruido por completo sino que será anulado, es decir, rasgado con una raya o una cruz con el fin de que quede inutilizable. Será anulado en señal de que el reinado ha concluido. También quedará inutilizado el sello de plomo que usa el Pontífice para sellar documentos importantes. Con el fin del pontificado el apartamento del Papa en el Vaticano y el ascensor que lleva directamente fueron sellados.

Tratamiento y protocolo a Ratzinger

La decisión de Ratzinger de renunciar a su puesto al frente de la Iglesia Católica, poco antes de cumplir los 86 años, supone un cambio decisivo y sorprendente en la línea política de esta institución milenaria. Se trata de un hecho histórico, teniendo en cuenta que la decisión de Benedicto XVI, representa, una ruptura sorprendente con la línea de su predecesor, Karol Wojtyla, que pasó la última década de su Pontificado en un fragilísimo estado de salud. Con la renuncia pierde su cualidad de infalible, sin embargo conservará otra cualidad más terrena pero no muy común. La de renunciar al poder cuando, “ni humana ni espiritualmente”, se consideró capaz de seguir ejerciéndolo, según afirmaba Federico Lombardi.

A partir de hoy 1 de marzo, los cuatro títulos oficiales correctos para dirigirse a Joseph Ratzinger son «Benedicto XVI», «Su Santidad», «Papa emérito» y «Romano Pontífice emérito». Ratzinger no retrocederá a ser cardenal, pues dejó esa situación al aceptar el Papado en abril del 2005. Con respecto a los títulos protocolarios como la vestimenta de los Papas después de la renuncia han sido aprobados por Benedicto XVI después de consultar al Camarlengo. Benedicto XVI ha creado el protocolo y lo estrenará en privado el próximo viernes. Será el primer «Papa emérito» y vestirá la sotana blanca, es decir, sin la esclavina que cubre los hombros y sin el fajín. Igualmente pasara a utilizar zapatos marrones, ya que el color rojo de los zapatos que ha venido utilizando es un símbolo del cargo y representan el martirio, a semejanza de la tradición de los emperadores de Bizancio.

Sede vacante

Tras hacerse efectiva ayer la renuncia de Benedicto XVI, el poder eclesiástico lo ostenta el Colegio de Cardenales y al Camarlengo, que son quienes asumirán el mando durante el periodo de “Sede vacante”, tiempo en que tarda la convocatoria y posterior celebración del conclave, así como la elección del nuevo sucesor de Pedro. Por tal motivo, el cardenal Decano Ángelo Sodano, enviara hoy viernes 1 de marzo la carta de convocatoria a todos los cardenales, muchos de los cuales están ya en Roma desde el pasado miércoles. Las reuniones generales diarias de los cardenales, en las que participan todos los electores mayores de 80 años, comenzarán el próximo 4 de marzo. Las primeras reuniones se dedicarán a elaborar su programa de trabajo y a tomar decisiones de trámite. En cuanto haya un consenso, se decidirá la fecha de comienzo del Conclave, la cual apuntan los expertos que podría establecerse.